Cuando intervenimos con mirada técnica antes de una compra, los problemas no suelen estar en el centro del salón. Suelen estar en la medianera, detrás del mueble, en el cuadro eléctrico, en la cubierta o en la documentación del edificio. Y casi siempre aparecen tarde: cuando el precio ya está pactado o incluso cuando la escritura ya está firmada.
1. Humedades que todavía no han dado la cara
La vivienda puede parecer seca y, sin embargo, estar incubando un problema. No todas las humedades se manifiestan con una mancha visible. En edificios de cierta edad son frecuentes tres escenarios distintos.
El primero es la capilaridad en plantas bajas y locales transformados. Se reconoce por degradación en la parte inferior del paramento, sales y desprendimiento de pintura. El segundo es la filtración, normalmente ligada a cubierta, fachada o encuentros mal resueltos. El tercero es la condensación, muy habitual en dormitorios orientados al norte, viviendas con carpinterías antiguas o edificios con poca ventilación efectiva.
La clave no está en poner nombre rápido, sino en no confundir una causa con otra. Un moho en una esquina no se resuelve igual si lo origina un puente térmico, una filtración exterior o un uso inadecuado de la ventilación.
2. Grietas que alguien ha tapado antes de enseñar la vivienda
La pintura reciente no siempre es buena noticia. A veces solo es pintura reciente.
Una fisura diagonal en un muro puede ser compatible con movimientos diferenciales. Una fisura vertical en un encuentro puede revelar un punto débil entre elementos distintos. Una grieta horizontal en sótano o semisótano obliga a mirar empujes, humedad y estado del cerramiento. No todas tienen gravedad estructural, pero ninguna debería despacharse con un «eso es normal» sin mirar patrón, ancho, continuidad, antigüedad aparente y contexto del edificio.
En inspección previa interesa más la lógica del daño que la estética del acabado. La pregunta correcta no es si la grieta molesta a la vista, sino qué cuenta sobre el comportamiento del edificio.
3. Un cuadro eléctrico que se quedó en otra época
En viviendas anteriores a la actualización general del parque residencial es frecuente encontrar cuadros muy desfasados, protecciones insuficientes o ampliaciones mal ejecutadas. El Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión, aprobado por el Real Decreto 842/2002, sigue siendo la referencia básica, especialmente por lo que afecta a protección frente a contactos indirectos, dispositivos de protección y prescripciones de instalaciones interiores en viviendas.
Traducido al lenguaje del comprador: si el cuadro es antiguo, si no hay una organización clara de circuitos, si se aprecian añadidos improvisados o si la instalación no soporta las cargas de una vivienda actual, no estás ante un detalle menor. Estás ante un coste probable y, en algunos casos, ante un riesgo.

4. Tuberías, bajantes y fontanería interior
La fontanería sigue siendo una de las partidas que más sorpresas da tras la compra. En edificios antiguos todavía aparecen redes interiores parcialmente sustituidas, materiales distintos conviviendo sin criterio o bajantes comunitarias que ya han dado problemas en verticales concretas.
Aquí conviene distinguir entre lo privativo y lo comunitario. No cuesta lo mismo cambiar una red interior de cocina y baño que entrar en una obra de comunidad por bajantes, patinillos o saneamiento. Tampoco tiene el mismo efecto una fuga puntual que una patología repetida en la vertical del edificio.
5. La cubierta y la fachada, aunque tú compres un tercero
Muchos compradores creen que la cubierta solo afecta al último piso. Es un error. Una cubierta envejecida, un alero con riesgo de desprendimiento o una fachada sin mantenimiento repercuten en la comunidad, en las derramas y en el valor futuro de la vivienda aunque compres en una planta intermedia.
Por eso, antes de comprar, no solo hay que mirar el piso. Hay que mirar el edificio. Cubierta, fachada, portales, instalaciones comunes, ascensor, cuarto de contadores y actas de comunidad.
Lo razonable antes de decidir
No se trata de convertir una visita en una pericial judicial. Se trata de reducir ceguera. Una revisión técnica previa no evita todos los riesgos, pero sí reduce mucho la probabilidad de comprar sin entender lo que compras.
Cuando un comprador ve el inmueble con criterio técnico y, además, revisa la documentación comunitaria básica, la negociación cambia. Ya no decide solo por impresión. Decide con información.
Fuentes consultadas
• Código Técnico de la Edificación, DB-HS 3, Calidad del aire interior.
• Real Decreto 842/2002, de 2 de agosto, por el que se aprueba el Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión, en especial ITC-BT-24, ITC-BT-25 e ITC-BT-26.
• Práctica profesional de inspección previa de vivienda y revisión documental de comunidad.

